Mi
confesión, Mi delito
Todo joven se lanza a
vivir acompañado de un sueño, yo no fui la excepción. Siempre quise ser un buen
escritor, pero la verdad es que no poseía el talento suficiente, ni el
suficiente apoyo y me encontraba viviendo en el tiempo incorrecto. Tenía un
sueño y eso era lo que contaba, pero la verdad es que con el pasar del tiempo
todo cambio, incluso mis sueños…
¿Y ahora cómo me llaman? El ángel de la muerte, algunos me llaman satanás,
otros eutanasia y por último vendedor de cianuro. No pienso en ningún momento
persuadirlos para que piensen que lo que hago está bien solo quiero hablarles
un poco de ella. ¿Quién es ella? Ella es mi todo. Ella era mi todo… Comencé a
estudiar medicina ya que mis padres claramente no apoyaban mi sueño de ser
escritor. Ser un artista en estos tiempos es morirse de hambre y ser un
supuesto mantenido. Al principio quería ser doctor y seguí estudiando por mucho
tiempo… Hasta que un día descubrí mi vocación al visitar un país de
Latinoamérica y pude apreciar toda esa pobreza que no disimulaba su dolor y sus
ganas de morir. Estaba viajando como voluntario y cuando estaba atendiendo un
paciente fue que todo sucedió, me pidió morir; la verdad es que estaba muy
grave y su enfermedad no tenía ningún tipo de cura, poseía menos oportunidades
de vivir al ser pobre. Lloraba mientras me rogaba salvar lo que le quedaba de su
cuerpo, me pidió que le quitara el peso de su alma, fue cuando me decidí y lo
ayude…
Mi carrera de médico en ese momento tomo un giro distinto, había una gran parte
del país que estaba totalmente indignada con lo que hacía pero realmente lo
sentía correcto y era lo único que podía hacer por ellos, regalarles la muerte…
Si se dijera que les pegue un
balazo o algo por el estilo pero, no fue así. No sufrieron sus últimos minutos,
si hubieras visto la sonrisa de cada uno de ellos a la hora de morir tú también
lo hubieras hecho. Seguido a ese evento me convertí en un fugitivo huyendo
del estado y la iglesia disfrazada de
justicia. ¿Por qué tengo que ser perseguido? Si yo estoy cumpliendo la voluntad
de las personas, no matando a nombre de la iglesia. Me convertí en un nómada de
la vida por mucho tiempo. Pero llego el día en el que mi suerte cambiaría, no
es que mi final fue uno feliz pero todo mejoro. Llegue a un pueblo donde comprendían,
que era la justicia y donde la iglesia y la justicia estaban claras de que el
pueblo tiene el poder si se lo propone. Me logré instalar, hice una oficina
digna de respetar, lo mejor era el respeto
de las personas. Me había convertido en uno de ellos, no tenía hogar propio
solo una persona con un sueño roto entre la almohada.
Mi consultorio era bien visto en el pueblo y las visitas eran muchas. Personas
de diferentes lugares iban a visitarme sin importar cuanto tiempo y el dinero. La
fama había llegado a mi trabajo, parecía que la muerte estaba de moda. De esta
manera crecientemente la clientela fue aumentando y yo solo no podía hacer el
trabajo así que busque ayuda. Contrate a dos personas, una secretaria y mi
ayudante o practicante, se encontraba estudiando medicina y se interesó al
instante por mi trabajo, parecía comprender todo lo que estaba ocurriendo,
teníamos incluso los mismos ideales. No me sentía así de bien desde mucho
tiempo.
Pero no todo podía ser tan bello y menos
con un trabajo como el mío. Recibí una llamada inesperada. Mi pasado había regresado
antes de lo que pensaba. Al otro lado del teléfono se encontraba mi padre, vaya
la sorpresa que me lleve. Mi padre me había estado buscando y
logro encontrar mi número. Su voz parecía a la de un náufrago cansado. Me hablo
de lo mucho que tuvo que hacer para poder solo encontrar mi número. Las
preguntas no se hacían esperar, era una tras otra. ¿Por qué había desaparecido
y porque no me comunicaba con él? Fueron tantas las preguntas y pocas las
respuestas. No sabía que hacer pero debía seguir alejado, no podía permitir que
mi nueva vida lo afectara. Lo distancia de nuevo, pero la segunda vez me dolía
más. Extrañaba mi vida, lo tenía todo y no me tenía que esconder por asesino.
Pero apareció mi padre, pero esta vez no fue una presencia telefónica. No se
veía muy bien las lágrimas en su cara reflejaban el añoro de volverme a ver. Se
había aparecido en mi clínica, ¿Cómo le explicaba en que trabajaba? Le tenía
que mentir, hasta que se sentó en la silla y me dijo: Haz tu trabajo.
En ese momento sentí que la vida me había caído encima. Me dijo: “ahórrate las
palabras, se tu trabajo, esa es una de las razones por las que estoy aquí.” Me
parecía estúpido que después de tanto tiempo llegara a que lo matara, no es
posible, estaba loco, matar a mi padre eso si es una atrocidad; ¡sería un
monstruo! Esto debe ser una prueba pensé… le dije: “No lo haré” Me contesto: No
le niegues el anhelo de la vida a este pobre viejo que lo que hace es morir y
sufrir día a día. Ahí fue cuando me explico que tenía leucemia de próstata y
que no había vuelta atrás se encontraba en la última etapa. En ese momento me
congele, no sabía qué hacer, así el en su agonía me pasaba la mano por la
espalda
tratando de consolarme. “Hijo entiendo cómo te debes sentir pero piensa como me
siento yo”. Ya sentado en la silla procedí a amarrarle las manos y las piernas
para que no haya ninguna complicación le pregunte si quería tener los ojos
vendados, me dijo que no, pero no estaría mal un poco de música clásica. No
podía hacer otra cosa que no fuera complacerlo en sus últimos momentos, la
música sonaba. Me encontraba mezclando los componentes y metiéndolos en la
jeringuilla. La jeringuilla, yacía en mis manos, con una mano le aguanto el
brazo y con la otra sostengo la jeringuilla y cuando lo inyecte me dijo:”
perdóname por todo lo que te he hecho, estoy seguro que hubieras sido un buen
escritor”.
Desde ese momento pensé
abandonarlo todo, ¿Qué clase de persona soy? No puedo seguir matando personas.
¿Qué me diferencia de un asesino? ¿En dónde queda la línea entre el bien y el
mal? Si el infierno realmente existe allí estaré espero que no me tarde mucho
en llegar. Las noches se hacían largas y no podía dejar de pensar en mi padre.
Llegue un día a la clínica y no se encontraba la secretaria, pero si mi
asistente, y mirándola a la cara le dije estas despedida. No lo podía creer, me
dijo que no iba a aceptar su despido sin una explicación. Me disculpe y le
conté lo que había sucedido. En este momento entra ella, la asistente, a
asistir mi vida y tratar de hacerme sentir bien y lo logró. Pero algo con lo
que no contaba era el poderme enamorar de ella, no tan rápido. Me hizo
comprender que mi trabajo no era malo, y que yo era la mejor persona que ella
había conocido. Ella, llevaba siguiendo mi historia médica desde el comienzo.
Me comentó que se encontraba trabajando conmigo, porque así ella lo quiso. Dijo
que consideraba que yo era un doctor muy moderno para el entendimiento de las
personas. Me convenció en continuar con mi trabajo.
Reabrimos la clínica y continuamos todo como si nada hubiese pasado. Mi vida
estaba comenzando a tener más felicidad de lo común. No me puedo quedar sin
hacer nada. Tengo que vestirme de valor y pedirle matrimonio o algo así. Los
días pasaban y mi valor no se asomaba. Un día atendiendo a un paciente me
atreví, le pregunte si quería que tuviéramos una relación seria. Las mejillas
se le brotaron con un color rojizo. Me dijo que sí, ese día la invite a cenar y
accedió. Estuvimos saliendo por un espacio de 6 meses y un día la noche nos
arropo junto a nuestra pasión. Supe por primera vez lo que era hacer el amor.
Nos mudamos juntos y un mes más tarde estando
en la casa, hablando felizmente cuando salió corriendo al baño y comenzó a
vomitar. Me pare justa atrás de ella y le dije creo que estas embarazada con
voz de emoción, pero cambie de pensar cuando me acerque a ella, el inodoro
estaba lleno de sangre. No podía ser normal. Me dijo: “no puedo quedar
embarazada, me estoy muriendo” en ese momento le conteste que no fuera exagerada
que solo era vomito a lo que contestó:”No es solo vómito, no puedo seguir así”.
Son solo cosas tuyas le dije, comenzamos a discutir y volvió a vomitar pero
esta vez fue una cantidad exagerada. Dijo: “vez que no exagero, ¿sabes cuántos
tumores tengo en la barriga ahora mismo? Porque ahora mismo no sé cuántos tengo”.
¡No puede ser!, esto no puede estar pasando, mi vida parece una maldición. ¿Qué
vamos a hacer? Me dijo: “No sé tú, pero yo voy a morir, deberías acortarme el camino y el sufrimiento” ¡No!
¡No puedo hacer eso, no por segunda vez! ¿Matar a un ser amado?, ¡Vas a luchar,
óyeme, vas a luchar por ti, y por mí!, ¡Dime que vas a luchar!,
las lágrimas inundaban mi ser y mi mente. Deje mi trabajo, deje toda esa
basura, me dedique a cuidarla. Todo empeoró, ella calló en cama y los dolores
se hacían sentir por toda la casa, no me quedaba más que medicarla para que el
dolor no fuera tanto. En una de sus alucinaciones me dijo: “Escribe” ¿qué?
“Escribe nuestra historia”, Pero, pero yo no escribo. “Hazlo por mí por favor,
siempre quise un novio escritor y siempre quise ser la protagonista en una
historia”. Comencé a escribir desde ese entonces mientras la cuidaba escribía
esta historia.
Un día no aguante, el pánico se apodero de mí, no podía aceptar quedarme solo y
perder un ser tan bello como ella, ahí en su dolor agarro mi mano justo como lo
hizo mi padre y dijo: “Nos vamos a encontrar” ¿De qué hablas? “Nos vamos a
encontrar te digo” Pero es que no puedo esperar tanto, no estoy muriendo.
“Confía en lo que te digo, nos vamos a encontrar en esta vida antes de lo que
te imaginas, seré bella, muy bella. Tendré el cuerpo como todo hombre desea el
de una guitarra, seré alta, tendré el pelo negro unos ojos verdes como el
amazona y me llamaré Sofía”. Que más hubiera querido que toda esa alucinación
fuera cierta. Ella no aguanto mucho tiempo, sufrí más de lo que te puedas
imaginar, pero debía continuar escribiendo. Ella murió, pero yo debo seguir
viviendo.
Al poco tiempo decidí publicar lo que yo
llamaría “Mi confesión”, esta sería la carta de recomendación mía para ir
directo a la cárcel, el que tendrá pena de muerte de seguro seré yo. Llegando a la casa editora me encuentro una
muchacha muy hermosa con los ojos más verdes que he visto. No podía creer lo
que estaba viendo, estaba totalmente anonadado. No sabía ni siquiera que hacer,
las palabras no salían, estaba muy emocionado. En ese momento pensé; no puedo
seguir malgastando mi vida, ni mi tiempo y le digo: “siento que te conozco,
dime, ¿te conozco?” Me dijo: “En realidad no estoy segura”. No esperé tiempo y
la invite a tomar un café, acepto y
contestó: “Mucho gusto soy Sofía”.