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martes, 30 de abril de 2013

Tiempo de ocio y reflexión.


El comienzo del día va más allá de la salida del sol o de el simple hecho de despertamos implica una nueva oportunidad para continuar y dar un paso hacia adelante, no siempre es de esta manera. Que nuestros comienzos de la vida de todos los días nos lleven a un paso más cerca de nuestra utopía, que nos dirijan a nuestro encuentro con la respuesta y que de esta manera podamos ver marcada la historia de un nuevo cambio tan necesario de paz y racionalidad. Olvidemos la sociedad pre- escrita construyamos una nueva, que el sol no sea símbolo de molestia, aprendamos de él que sin importar cuan duro fue el día siempre nos recibe al otro, ese es mi sueño esa es mi utopía. No pido un pueblo religioso ni pido que construyan más iglesias. Este pueblo no necesita más edificios, necesita una sociedad edificada, una sociedad humanitaria lista para responder, hecha para ayudarse unos a otros con la magia de la catarsis.

Soñar nunca está de más, que nuestros sueños nunca sean en vano, que no mueran con nosotros. Vivamos compartiendo nuestros sueños y viviéndolos. Todo tiene arreglo debemos comenzar racionando.
Que tengan un buen día, les desea: Christopher Piñero

jueves, 25 de abril de 2013

Ganador del 2do lugar en la categoría de cuentos del certamen literario de la UPRB




                               
Mi confesión, Mi delito



Todo joven se lanza a vivir acompañado de un sueño, yo no fui la excepción. Siempre quise ser un buen escritor, pero la verdad es que no poseía el talento suficiente, ni el suficiente apoyo y me encontraba viviendo en el tiempo incorrecto. Tenía un sueño y eso era lo que contaba, pero la verdad es que con el pasar del tiempo todo cambio, incluso mis sueños…

¿Y ahora cómo me llaman? El ángel de la muerte, algunos me llaman satanás, otros eutanasia y por último vendedor de cianuro. No pienso en ningún momento persuadirlos para que piensen que lo que hago está bien solo quiero hablarles un poco de ella. ¿Quién es ella? Ella es mi todo. Ella era mi todo… Comencé a estudiar medicina ya que mis padres claramente no apoyaban mi sueño de ser escritor. Ser un artista en estos tiempos es morirse de hambre y ser un supuesto mantenido. Al principio quería ser doctor y seguí estudiando por mucho tiempo… Hasta que un día descubrí mi vocación al visitar un país de Latinoamérica y pude apreciar toda esa pobreza que no disimulaba su dolor y sus ganas de morir. Estaba viajando como voluntario y cuando estaba atendiendo un paciente fue que todo sucedió, me pidió morir; la verdad es que estaba muy grave y su enfermedad no tenía ningún tipo de cura, poseía menos oportunidades de vivir al ser pobre. Lloraba mientras me rogaba salvar lo que le quedaba de su cuerpo, me pidió que le quitara el peso de su alma, fue cuando me decidí y lo ayude…

Mi carrera de médico en ese momento tomo un giro distinto, había una gran parte del país que estaba totalmente indignada con lo que hacía pero realmente lo sentía correcto y era lo único que podía hacer por ellos, regalarles la muerte… Si se dijera que les pegue un
balazo o algo por el estilo pero, no fue así. No sufrieron sus últimos minutos, si hubieras visto la sonrisa de cada uno de ellos a la hora de morir tú también lo hubieras hecho. Seguido a ese evento me convertí en un fugitivo huyendo del  estado y la iglesia disfrazada de justicia. ¿Por qué tengo que ser perseguido? Si yo estoy cumpliendo la voluntad de las personas, no matando a nombre de la iglesia. Me convertí en un nómada de la vida por mucho tiempo. Pero llego el día en el que mi suerte cambiaría, no es que mi final fue uno feliz pero todo mejoro. Llegue a un pueblo donde comprendían, que era la justicia y donde la iglesia y la justicia estaban claras de que el pueblo tiene el poder si se lo propone. Me logré instalar, hice una oficina digna de respetar, lo mejor era el  respeto de las personas. Me había convertido en uno de ellos, no tenía hogar propio solo una persona con un sueño roto entre la almohada.

Mi consultorio era bien visto en el pueblo y las visitas eran muchas. Personas de diferentes lugares iban a visitarme sin importar cuanto tiempo y el dinero. La fama había llegado a mi trabajo, parecía que la muerte estaba de moda. De esta manera crecientemente la clientela fue aumentando y yo solo no podía hacer el trabajo así que busque ayuda. Contrate a dos personas, una secretaria y mi ayudante o practicante, se encontraba estudiando medicina y se interesó al instante por mi trabajo, parecía comprender todo lo que estaba ocurriendo, teníamos incluso los mismos ideales. No me sentía así de bien desde mucho tiempo.

 Pero no todo podía ser tan bello y menos con un trabajo como el mío. Recibí una llamada inesperada. Mi pasado había regresado antes de lo que pensaba. Al otro lado del teléfono se encontraba mi padre, vaya la sorpresa que me lleve.
Mi padre me había estado buscando y logro encontrar mi número. Su voz parecía a la de un náufrago cansado. Me hablo de lo mucho que tuvo que hacer para poder solo encontrar mi número. Las preguntas no se hacían esperar, era una tras otra. ¿Por qué había desaparecido y porque no me comunicaba con él? Fueron tantas las preguntas y pocas las respuestas. No sabía que hacer pero debía seguir alejado, no podía permitir que mi nueva vida lo afectara. Lo distancia de nuevo, pero la segunda vez me dolía más. Extrañaba mi vida, lo tenía todo y no me tenía que esconder por asesino. Pero apareció mi padre, pero esta vez no fue una presencia telefónica. No se veía muy bien las lágrimas en su cara reflejaban el añoro de volverme a ver. Se había aparecido en mi clínica, ¿Cómo le explicaba en que trabajaba? Le tenía que mentir, hasta que se sentó en la silla y me dijo: Haz tu trabajo.

En ese momento sentí que la vida me había caído encima. Me dijo: “ahórrate las palabras, se tu trabajo, esa es una de las razones por las que estoy aquí.” Me parecía estúpido que después de tanto tiempo llegara a que lo matara, no es posible, estaba loco, matar a mi padre eso si es una atrocidad; ¡sería un monstruo! Esto debe ser una prueba pensé… le dije: “No lo haré” Me contesto: No le niegues el anhelo de la vida a este pobre viejo que lo que hace es morir y sufrir día a día. Ahí fue cuando me explico que tenía leucemia de próstata y que no había vuelta atrás se encontraba en la última etapa. En ese momento me congele, no sabía qué hacer, así el en su agonía me pasaba la mano por la espalda

tratando de consolarme. “Hijo entiendo cómo te debes sentir pero piensa como me siento yo”. Ya sentado en la silla procedí a amarrarle las manos y las piernas para que no haya ninguna complicación le pregunte si quería tener los ojos vendados, me dijo que no, pero no estaría mal un poco de música clásica. No podía hacer otra cosa que no fuera complacerlo en sus últimos momentos, la música sonaba. Me encontraba mezclando los componentes y metiéndolos en la jeringuilla. La jeringuilla, yacía en mis manos, con una mano le aguanto el brazo y con la otra sostengo la jeringuilla y cuando lo inyecte me dijo:” perdóname por todo lo que te he hecho, estoy seguro que hubieras sido un buen escritor”.

       Desde ese momento pensé abandonarlo todo, ¿Qué clase de persona soy? No puedo seguir matando personas. ¿Qué me diferencia de un asesino? ¿En dónde queda la línea entre el bien y el mal? Si el infierno realmente existe allí estaré espero que no me tarde mucho en llegar. Las noches se hacían largas y no podía dejar de pensar en mi padre. Llegue un día a la clínica y no se encontraba la secretaria, pero si mi asistente, y mirándola a la cara le dije estas despedida. No lo podía creer, me dijo que no iba a aceptar su despido sin una explicación. Me disculpe y le conté lo que había sucedido. En este momento entra ella, la asistente, a asistir mi vida y tratar de hacerme sentir bien y lo logró. Pero algo con lo que no contaba era el poderme enamorar de ella, no tan rápido. Me hizo comprender que mi trabajo no era malo, y que yo era la mejor persona que ella había conocido. Ella, llevaba siguiendo mi historia médica desde el comienzo. Me comentó que se encontraba trabajando conmigo, porque así ella lo quiso. Dijo que consideraba que yo era un doctor muy moderno para el entendimiento de las personas. Me convenció en continuar con mi trabajo.

Reabrimos la clínica y continuamos todo como si nada hubiese pasado. Mi vida estaba comenzando a tener más felicidad de lo común. No me puedo quedar sin hacer nada. Tengo que vestirme de valor y pedirle matrimonio o algo así. Los días pasaban y mi valor no se asomaba. Un día atendiendo a un paciente me atreví, le pregunte si quería que tuviéramos una relación seria. Las mejillas se le brotaron con un color rojizo. Me dijo que sí, ese día la invite a cenar y accedió. Estuvimos saliendo por un espacio de 6 meses y un día la noche nos arropo junto a nuestra pasión. Supe por primera vez lo que era hacer el amor. Nos mudamos juntos y un mes  más tarde estando en la casa, hablando felizmente cuando salió corriendo al baño y comenzó a vomitar. Me pare justa atrás de ella y le dije creo que estas embarazada con voz de emoción, pero cambie de pensar cuando me acerque a ella, el inodoro estaba lleno de sangre. No podía ser normal. Me dijo: “no puedo quedar embarazada, me estoy muriendo” en ese momento le conteste que no fuera exagerada que solo era vomito a lo que contestó:”No es solo vómito, no puedo seguir así”.

Son solo cosas tuyas le dije, comenzamos a discutir y volvió a vomitar pero esta vez fue una cantidad exagerada. Dijo: “vez que no exagero, ¿sabes cuántos tumores tengo en la barriga ahora mismo? Porque ahora mismo no sé cuántos tengo”. ¡No puede ser!, esto no puede estar pasando, mi vida parece una maldición. ¿Qué vamos a hacer? Me dijo: “No sé tú, pero yo voy a morir, deberías acortarme el camino y el sufrimiento” ¡No! ¡No puedo hacer eso, no por segunda vez! ¿Matar a un ser amado?, ¡Vas a luchar, óyeme, vas a luchar por ti, y por mí!,
¡Dime que vas a luchar!, las lágrimas inundaban mi ser y mi mente. Deje mi trabajo, deje toda esa basura, me dedique a cuidarla. Todo empeoró, ella calló en cama y los dolores se hacían sentir por toda la casa, no me quedaba más que medicarla para que el dolor no fuera tanto. En una de sus alucinaciones me dijo: “Escribe” ¿qué? “Escribe nuestra historia”, Pero, pero yo no escribo. “Hazlo por mí por favor, siempre quise un novio escritor y siempre quise ser la protagonista en una historia”. Comencé a escribir desde ese entonces mientras la cuidaba escribía esta historia.

Un día no aguante, el pánico se apodero de mí, no podía aceptar quedarme solo y perder un ser tan bello como ella, ahí en su dolor agarro mi mano justo como lo hizo mi padre y dijo: “Nos vamos a encontrar” ¿De qué hablas? “Nos vamos a encontrar te digo” Pero es que no puedo esperar tanto, no estoy muriendo. “Confía en lo que te digo, nos vamos a encontrar en esta vida antes de lo que te imaginas, seré bella, muy bella. Tendré el cuerpo como todo hombre desea el de una guitarra, seré alta, tendré el pelo negro unos ojos verdes como el amazona y me llamaré Sofía”. Que más hubiera querido que toda esa alucinación fuera cierta. Ella no aguanto mucho tiempo, sufrí más de lo que te puedas imaginar, pero debía continuar escribiendo. Ella murió, pero yo debo seguir viviendo.

                                                              


Al poco tiempo decidí  publicar lo que yo llamaría “Mi confesión”, esta sería la carta de recomendación mía para ir directo a la cárcel, el que tendrá pena de muerte de seguro seré yo.  Llegando a la casa editora me encuentro una muchacha muy hermosa con los ojos más verdes que he visto. No podía creer lo que estaba viendo, estaba totalmente anonadado. No sabía ni siquiera que hacer, las palabras no salían, estaba muy emocionado. En ese momento pensé; no puedo seguir malgastando mi vida, ni mi tiempo y le digo: “siento que te conozco, dime, ¿te conozco?” Me dijo: “En realidad no estoy segura”. No esperé tiempo y la invite a tomar un café,  acepto y contestó: “Mucho gusto soy Sofía”.

martes, 9 de abril de 2013

Versos y un poco de dinero.



Los versos no siempre son suficientes,  de esos tengo mucho que ofrecer. La poesía y las historias siempre han fluido y tocado esta mente, pero los versos lo que buscan es una respuesta, una satisfacción. El estímulo principal esta el ser correspondido. Soy un simple poeta que solo puede ofrecer una caja de versos, una rosa para adornar el corazón marchito. He hecho de toda para impresionar, he escritos los versos desde lo más profundo de mi corazón. Nada de esto ha sido útil sigo siendo el rechazado, el amigo por pena. Letras que mueren al borde del estudio, sin valentía, sin refugio. Quisiera darle vida, regalarles ojos que la aprecien, mentes que las escudriñen.  Tema principal del poeta es el amor, ¿Cómo hablar del amor, si la mayoría de los poetas no lo hemos experimentado? Realmente lo que buscamos mayormente es ser correspondidos atreves de los versos, pero llega el momento en el que la espera se hace tediosa y ya los versos son repetitivos, las rimas aburren y la decepción se estaciona sobre el lápiz. ¿Por qué tanta decepción., tanto amor sin corresponder?

No he sido correspondido, seré la última opción si continuo asumiendo la posición de no hacer nada. Pero la pregunta es: ¿Qué puedo hacer? Siento que lo he hecho todo. El interés es lo único que la mueve, ella lo único que desea es dinero y yo solo mendigo un poco de amor. Los carros, el dinero y la apariencia han podido más que un sentimiento verdadero.  Haré lo que sea solo para tener un vistazo de su cuerpo. Voy a alquilar un carro costoso para atraer su amor, guardaré dinero para costear sus caprichos, cambiaré mi manera de ser, solo por estar cerca. He observado el comportamiento de los hombres hacia ella, solo actitudes denigrantes y soy rechazado por tratarla diferente y como pienso que es ideal. Mi palabras se envenenan con cada decepción, solo he gastado dinero en vano junto al tiempo con su pasaje de ida.

Llegue al barrio más despreciado que te puedas imaginar, allá en la esquina de la necesidad y la lujuria, donde vestida muy provocativa, vendía cariño. El auto había cautivado su interés, los lujos agudizaban sus sentidos. Así le ofrecí un lugar donde cenar, tratando de ganar tiempo y cautivar más su interés. Solo se movían sus deseos al compás de los diamantes, al comprender que solo estaba enamorada de los lujos, solo podía sentir en el medio de mi pecho una daga. No había conversaciones que pudiéramos entablar, ni mucho menos un interés en común. Ese no era momento para revivir un verso, era tiempo de terminar esa tortura en la que me metí. Sus ojos abrazaban la vista de un hotel lujoso y caro. Allí la lleve donde su disimulada vista se tiraba ante todo.

Habiendo llegado a la habitación el rodeo se había quedado, había escapado. Su ropa automatizada se trepo en la percha para evitar m
ás arrugas. “¿Esto era lo que quería toda la noche? Me pregunto, no me dejo ni contestar cuando ya estaba respondiendo a su pregunta retórica… No tenías que hacer tantas cosas, tanto tiempo que nos hubiéramos ahorrado llegando aquí de primera instancia. Su cuerpo vestido ante la carne del placer, ese cuerpo moldeado a placer y filas de hombres. Era hora de aprovechar quitando la etiqueta de ocasiones especiales, la que espera una premiación o publicación, yacía en el piso observando el espectáculo. Al borde del lujo de la cama, se encontraba ella sentada, mientras mis reverencias no se hicieron esperar. Algo se había apoderado de mi, lo que sentía era rabia y quería experimentar el placer de tener, lo que ya todos tuvieron. Solo estando al borde de la cama, ya las sabanas estaban entre los dedos de una mano, la otra estaba ocupada agarrando mi pelo. Todo como un ritual mordiendo desde los dedos de los pies.

Todo fue tan diferente a como me lo imagine, a toda mi idea idealizada a hacer el amor, pero no estábamos haciendo el amor, hay que hablar correctamente, estábamos teniendo sexo, solo algo casual. Que pechos tan perfectos para descansar sobre ellos, pero no hay tiempo, el dinero corre… Su pelo en mi mano, por primera vez tomo en dominio de lo que siento, estropeándonos el cuerpo, como si nos quisiéramos hacer daño, podría estar maltratándola de esta manera todo el año. Hacia gritos generalizados, sin nombres, solo apodos, la noche se olvidó de preguntarlos. Sus dientes recorrían por todos mis placeres, su boca, oh su boca. Ya había terminado la noche dentro de ella.

Le dije: “Me hubiera gustado que todo hubiera sido diferente” Me vestí y le dije: “ahí tienes tu dinero y te deje algo extra para que pidas un taxi.” Me dijo: “Espera, tu eres diferente” pero conteste:” Yo sí, pero por lo visto tu no” al lado del dinero un zafacón, donde se quedaron mis versos encerrados en una libreta, por culpa de alguien que no se ni el nombre, pero la puedes encontrar fácil, debe estar en la misma esquina, con su traje rojo, de sueños comprados.



lunes, 1 de abril de 2013

Adiós al libido





No había nada que escuchar, ni un paisaje hermoso para describir, solo un cuarto una cama, dos personas frente a frente. La respiración ni siquiera se hacía sentir, el viento no soplaba, el sol no calentaba el frio no helaba. Poco a poco la distancia se hacía cada vez más corta. Hasta que los cuerpos lograban contemplarse con los ojos cerrados. La mano de él recorrió desde su pelo y siguió bajando como tratando de seducir, pero a la vez que bajaba su mano sobre la cara de ella bajaba una lagrima, casi simultáneamente. A la vez que cayó la lágrima al piso no hubo detenida a las siguientes… Los besos no se sentían, la seducción esta vez no corrompía. Pero todo lo que estaba sucediendo era casi obligatorio. La ropa se desvanecía junto al tiempo, que se iba y no pensaba regresar, nunca más. Sus cuerpos parecían estar automatizados, ya sabían que tenían que hacer donde tenían que tocar… El sudor arropaba sus cuerpos y en sus mentes las memorias invadían, todos los momentos que pasaron juntos se hacían presentes es sus cabezas, solo había una pregunta… ¿Cómo se habían vuelto unos desconocidos? Pero esto al libido no le importaba, solo pensaba en la pasión a flor de piel… quien único estuvo presente fue ese libido insaciable, muy dentro de ellos, casi lo tocaban de tan cerca que estaban. La nostalgia los arropaba y los susurros de pasión también. Luego de haber estado explorando él se hacía abrazado en su espalda, la fuerza se le estaba escapando en un abrir y cerrar de ojos toda su fuerza se había concretizado dentro de ella, así terminaron. Sin beso, sin reclamos, sin voltear atrás. Ella solo le dirigió la palabra para que le diera una toalla para enjuagar el momento, dejar correr las lágrimas, así terminada la ducha se había sellado el adiós prometido y ella se fue, así como se fue el amor…